"La educación consiste en ayudar al niño a llevar a la realidad lo mejor de él."
Erich Fromm

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Entrevista con Virginia Blaistein

Conocimos a Virginia en el año 2011, en una charla sobre la película en Buenos Aires. Comenzamos a compartir ideas sobre la película y nuestra investigación, hasta que Virginia empezó a contar su experiencia. Finalmente nos quedamos largo rato conversando con Virginia porque valía la pena.


Resultó que en ese momento ella llegaba de un viaje por Ecuador, donde había visitado las mismas experiencias que nosotros. Desde entonces cada tanto nos escribimos y conversamos con Virginia. Tenemos amigos en común desde aquel momento.
Virginia participó en la coordinación pedagógica del proyecto Tierra Fértil durante varios meses, y hoy está comenzando "Flor de Juego", un Club de Educación Viva itinerante que puede armar en diferentes espacios, acompañando a familias primerizas y gestantes a reflexionar sobre sus prácticas educativas.
Desde 2011 quisimos hacer esta entrevista, y resolvimos hacerla hace pocos días. Técnicamente la entrevista fué realizada fuera de la investigación, pero su contenido estuvo presente durante el montaje de la película. Gracias Virginia por el tiempo.
  • Profesión:
    Aprendedora, Educadora Infantil
  • Institución:
    Ser para Educar: Grupos de lectura y reflexión de educación viva, activa, no-directiva
  • Sitio Web:
  • Biografía:
    Maestra jardinera, co-fundadora en 1980 de "El Pezquepez", una escuela/club activa en Buenos Aires, centrada en el juego, la libertad, el arte y el respeto. Estudió psicología social y en la década del 90 vivió 4 años en un kibutz en Galilea trabajando en educación. Fue directora por 16 del Centro de Educación Temprana Planeta Juego. Hoy dicta talleres de juego a formadores infantiles, asiste en la crianza de niños y coordina grupos de formación, lectura, reflexión y vivencia en Educación Viva en Buenos Aires y alrededores.
  • Algunas Publicaciones:
    -No tiene

    Contacto:
    virgitali@gmail.com / flordejuego@gmail.com
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Desgrabación de la entrevista

Esta entrevista fue realizada en la ciudad de San Isidro, Argentina el 11 de Marzo de 2013 en el marco de la investigación de la película La Educación Prohibida.

Su historia en educación infantil

[00:23]
Me gustaría que te presentes y nos cuentes que te llevó a dedicarte a la educación infantil.

Bueno, mi nombre es Virginia Blaistein. Gran parte de mi identidad tiene que ver con haber nacido en un pueblo pequeño en Concepción del Uruguay 1 en la provincia de Entre Rios, una provincia que limita con la Republica Oriental del Uruguay. Me siento a veces hasta más cercana a los uruguayos que a los porteños, todavia no me siento porteña a pesar de vivir aquí hace más de 35 años.
Mi vínculo con la educación comenzó, creo, desde el mismo momento en que nací, por haber nacido en el núcleo de una familia de origen judío de clase media. Nieta de inmigrantes rusos y polacos. Y desde muy pequeña el sentirme perteneciente a la comunidad judía no religiosa, laica pero de origen judío desde lo cultural, me acompaña hasta el día de hoy. Creo que mucha de mi identidad profesional, y por supuesto antes que nada, personal fue marcada por este vínculo con la cultura judía, que tiene que ver con lo grupal, con el humor, con la celebración, con el juego, con la fiesta, con el otro, con la solidaridad. Digamos, desde muy pequeña asistí a grupos. Yo ahora retomo por ejemplo la palabra “tribu”, y es algo que yo viví de niña. Esto de ser una gran tribu, muchísimos primos, hermanos, vecinos en una ciudad pequeña, donde convivíamos en total libertad y armonía todos. Los que eramos vecinos,los que iban a misa y los que festejaban navidad con los que no íbamos a misa o íbamos a misa a jugar. Y esto marco muchísimo, mi ser curiosa y el valorar el encuentro con otros de todas las edades y el reunirse para bailar, para cantar, para celebrar rituales, especialmente que yo valoro mucho.
Y después aprendí, digamos más en lo teórico, cuál era el vínculo entre lo religioso del religar 2 con el juego que religa y con los rituales que organizan y dan, digamos, como un arraigo a la estructura, a la tierra.
Así que desde pequeña, la comunidad judía se organiza y se organizó siempre en grupos recreativos. Entonces yo fui alumna de grupos recreativos desde muy pequeña, deseando ser como mis maestros o como los instructores, era para mi un ideal. Llegar a ser adolescente para poder yo coordinar grupos recreativos, digamos, me crié en ese ambiente. Pintano, cantando, bailando, buscando mis raíces, eso también hoy lo aplico en todos lados donde voy esto de comenzar pensando quién soy y de donde vengo, trabajar sobre la identidad.
A los 14 años ya empecé a tomar lo que se llamaría cursos de capacitación, de recreación, de tiempo libre, de dinámicas de grupo, de psicología evolutiva, grupos o talleres artísticos; y en realidad cada vez me entusiasmaba más ser quién participara del grupo como una niña o adolescente y ser quien coordinara el grupo. Salíamos de excursión, de paseo, teníamos contacto con la naturaleza, nos íbamos todo el tiempo de campamento a las montañas, al río.
Así que bueno, el haber nacido en un lugar cerca del río y que desde lo grupal se valorice el contacto con la naturaleza, hizo que lo viva con total naturalidad, y que esto entre “el adentro” y “el afuera” no me tuviera que preguntar tanto acerca de mi propia naturaleza, porque estaba, era como un vínculo sumamente fluido.

Un jardín pensado desde el juego

[04:27]
¿Cuál es tu primer experiencia formal en educación y como influenció tu trabajo?

Cuando yo empiezo a estudiar maestra jardinera y ya empiezo a trabajar desde el primer año del profesorado en un jardín privado en la Capital Federal, es muy fuerte el choque que yo veo entre los niños que yo conocía en Entre Ríos y los niños de Capital Federal. La gran diferencia era que los chicos de Capital Federal eran… , tenían un alto estímulo intelectual y especialmente en el lenguaje verbal y muy poca capacidad de juego; yo trabajaba con niños de 2 y 3 años
y a veces hasta más chiquitos. Y eran niños que si no eran coordinados o dirigidos desde afuera no sabían, aparentemente, no sabían jugar. Digamos, no podían jugar solos y yo era muy jovencita, pero me empezó a llamar la atención y a preguntarme ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué allí juegan y acá no juegan? ¿Por qué son tan obedientes? ¿Por qué están tan quietitos esperando la consigna de alguien?

Y bueno, empecé a pasar de jardín en jardín buscando un ámbito donde yo me pudiera sentir cómoda desde lo intuitivo. Yo tenía intuiciones de que por donde iban estos jardines no era y no encontré un lugar. Tuve una experiencia fuerte en un jardín donde las dueñas y directoras acababan de formarse con Constance Kamii 3, que es una discípula de Piaget 4, entonces traían todo esto en los años setenta y pico, traían la teoría piagetiana y la escuela constructivista 5 y era sumamente directiva.

Como que me obligaron a mi como maestra a preguntarle a los niños: “¿Dónde hay más, dónde hay menos, cuál es más largo, cuál es más corto?” y forzadamente digamos. ¿No?, como mal entendiendo lo que Piaget había hecho. Y no estaba de acuerdo y a mi me costaba mucho. Algo que me caracterizo siempre fue la rebeldía y, bueno, y me rebelé y dije yo no puedo preguntarle a un niño todo el tiempo acerca de las cualidades de los objetos, y bueno terminé lléndome de allí. Y bueno me encontré con mi pareja con Hugo Grisofski y juntos, él era profesor de Educación Física, Psicólogo Social, nos encontramos y decidimos abrir “El Pezquepez”. El Pezquepez ya existía como escuela de natación, de ahí su nombre. También un poco en rebeldia, en ese momento todas las escuelas se llamaban “Swimming” o con cosas en inglés. Y eso fue ponerle “El Pezquepez” en honor a Maria Elena Walsh 6, en honor a la canción del “Gato que pez”. Digamos era, hasta en el nombre tratábamos de ponerle una impronta que tuviera que ver con la identidad y con nuestro idioma, y con lo que nos había formado que era por ahí la poesía y la canción de Maria Elena Walsh, ahí surgió “El Pezquepez”.

Y surgió como un espacio educativo que vivió, digamos, hermosamente durante 10 años, del año 1980 al 1990. Era un espacio que recibía a niños a partir de los 2 años junto con su familia, y dónde el juego, el arte, el cuerpo y la naturaleza eran como los pilares del trabajo. Y donde los papás se sentían, las mamás y los papás digamos, con mucha libertad de poder participar. En realidad el contrato era que si no iban a participar tenían que elegir otro espacio, así que desde un inicio los papás participaban en reuniones de padres, en conversaciones abiertas, traíamos gente que por ahí nos contaba de sus pasiones, abríamos la casa los fines de semana para juntos cocinar algo, armar un horno de barro, cocinar el pan, hacer una guitarreada, jugar con los niños, armar una obra de teatro. Y todo esto era como una
invitación a la familia, y la verdad es que se armaba una tribu realmente.

Los papás pagaban una cuota, era un jardín privado, pero tenia el espíritu de una comunidad. Y siempre respetando mucho mucho a los niños. Empezamos dividiendo a los chicos por edades porque seguíamos como la inercia de las instituciones educativas y muy pronto nos dimos cuenta que había que armar grupos heterogéneos, así que si bien los chicos llegaban y tenían como su habitación en la casa, su espacio íntimo donde dejaban su mochila, su pertenencia; al ratito nomás ya
estaban todas las edades juntas, los chicos podían elegir espacios y ambientes preparados.

Trabajábamos con material de desecho o des-estructurado, teníamos muy pocos juguetes armados, porque los nenes venían de clase media y en su casa tenían muchísimo estímulo de objetos, lo que no tenían era la posibilidad de enchastrarse 7, de meter la mano en la arena, en el agua; teníamos patos, gallinas, codornices,
conejos, árboles, el horno de barro. Y era un jardín urbano porque estábamos en pleno Palermo Viejo sobre Scalabrini de Ortiz y Gorriti, pero nos arreglábamos como para tener un patio grande que era el Parque Centenario 8, ir de campamento familiar. Por ejemplo cada tanto nos íbamos con toda la familia de campamento varios días. Así que el
límite del espacio no era un límite.

Las salas eran por ahí pequeñas pero como los chicos rotaban por todo el jardín, por todo el espacio podían elegir construir o dramatizar o pintar o teníamos una biblioteca, una ludoteca y nos reuníamos para estos rituales que para mi eran muy importantes ya desde la niñez. Que era una ronda de saludo, de bienvenida, de contarnos como estamos. Ahí ya instituimos de que el adulto sea un modelo y pueda contar él también cómo está, mas que, sí somo estoy, hoy estoy bien, hoy estoy más o menos y poder preguntarle: “¿y por qué estas más o menos?” y que el adulto pueda decir: “No dormí muy bien, me acosté preocupado porque mi mamá no se sentía bien”. Y bueno y hacer un seguimiento de esto, entonces los chicos después empezaban como a imitar esta manera de presentarse y cuando le preguntábamos “¿Cómo estan?”, no contestaban el famoso “¡Bien!, mas fuerte ¡Bien!”; contestaban “Hoy estoy más o menos” y podían justificar siendo niños de 3 años. Digamos era increíble como se impregnaban de ese clima que vivíamos los adultos en ese espacio.

Otra cosa que marco, porque estamos hablando de los años 80, era la pareja pedagógica, digamos en todos los espacios había una mujer y un varón que trabajaba como juntos; y eso también marco mucho porque bueno nosotros, Hugo y yo, eramos, digamos, como los que coordinábamos y eso se replicaba después para abajo, digamos, que era que todos los que
trabajábamos eramos parejas pedagógicas. Después otra cosa que era importante, era que incluíamos por ejemplo natación como parte del proyecto, los papás sabían cuando inscribían a sus hijos que teníamos natación, entonces nos íbamos todos, nos trasladábamos a un club. Y bueno para nosotros, volver al medio acuático y que el niño pueda vivir su cuerpo nuevamente sin gravedad era sumamente divertido y porque además era como el primer seguro de vida que uno le sacaba al
niño, digamos, para poder arreglárselas en un medio acuático cuando se van de vacaciones, van al río, al lago, al arroyo, a la pileta y era una manera de ayudar a los chicos más tímidos o que tenían alguna dificultad motriz o contracturas.

Bueno, así que “El Pezquepez” fue ese lugar, digamos que marcó mucho mi identidad profesional. No fue fácil sostenerlo económicamente, las familias se ofrecían a veces a dar un apoyo, digamos, de dinero, para poder subsistir porque nos tocó la época de la hiper-inflación, de los paros docentes por tiempo indeterminado, y como era un jardín privado era complejo comprender para toda la comunidad, que si bien ellos abonaban una cuota, era un lugar donde estábamos todos caminando junto al niño.

Y bueno, eso creo que es el gran desafío que sigue existiendo hoy, el tema de cómo gestionar espacios educativos. O existen los estatales, entonces yo delego, o existen los privados donde también delego. Y la idea es empezar a gestionar espacios intermedios donde el estado de verdad se haga cargo efectivamente de lo que dice la ley y pueda colaborar y subvencionar a distintas propuestas para que los papás puedan con libertad ver cuales son las opciones y elegirlas, digamos. Y que no se castigue a quien elige otro tipo de educación que no sea la formal.

Así que bueno, el aprendizaje que yo tuve en “El Pezquepez” hace que hoy, por ejemplo, frente a la gestión de un espacio educativo al que le empiezo a llamar club y no escuela, busque, digamos, el que la gente pueda comprender que no se puede sustentar un espacio por ahí sin dinero, pero que ese dinero no siempre tiene que salir del presupuesto
familiar. Porque hay familias que por ahí no cuentan con suficiente dinero y esos niños tienen todo el derecho de tener alternativas igual que todos. Y entonces, bueno, es una lucha en la que estamos muchos, todos, Reevo, La Educación Prohibida y muchísimas experiencias que estamos buscando alternativas para el sustento material de esta idea y que tiene que ver más con lo espiritual, digamos, con el contacto con el otro, con encontrar quienes somos, a que vinimos a este mundo. Y bueno, y esto de “Ser para educar” o “Educar para ser”, que es un círculo que no empieza ni termina, en realidad es poder estar con el otro de una manera más genuina, más honesta, más descontracturada. No separar los espacios educativos de la vida, digamos, la vida es puro aprendizaje, la vida son los abuelos, son los vecinos, son los que tienen pasión por hacer las cosas.

Entonces la idea es que alguien que ya haya vivido esa experiencia y que la haya disfrutado como la disfrute yo, pueda simplemente ser como un, a ver, armar una red para que esto suceda, para que las mamás y los papás gestantes puedan
encontrarse con otros y poder preguntarse, y poder sentirse acompañados, no estar en tanta soledad que es lo que está sucediendo hoy más que nada en los espacios urbanos; que los abuelos y las abuelas puedan contar su gran experiencia, que puedan convivir jóvenes que tienen todo ese ímpetu, digamos, de creatividad y de pregunta y de curiosidad y de respeto a las formas. Así que mi idea es que estos espacios sean como aquel “Pezquepez” aggiornado a toda la experiencia
que adquirí después de más de 30 años de aquello.

Problemas actuales en educación infantil

[15:34]
¿Cuáles son los problemas comunes que ves en la educación inicial en la actualidad según tu criterio?

Bueno una de las deficiencias que para mi hay fuertes, tiene que ver con la formación. La gente elige trabajar con niños pequeños, en general el imaginario social es que es muy divertido, te la pasas jugando, basta con que seas simpática y con que te gusten los niños. Romper con ese imaginario es complejo. Los profesorados, si bien hay
profesorados excelentes y excelentes profesores, yo incluso agradezco enormemente a profesores excelentes que tuve en mi profesorado y los sigo recordando y citando.
En general hay una sub-estimación de lo que es la primera infancia, cuando creo que debería ser la etapa más importante, porque es la etapa fundante de la vida humana, es donde, especialmente el primer año de vida, donde el niño, digamos, infante viene de “no palabra” 9 es el niño que aún no habla, que no ha ingresado en el mundo del lenguaje socializado y es donde yo creo que la falencia mayor está en la formación. Las maestras, basta con que les guste, manifiestan que le gustan los chicos. Los papás dicen por ejemplo, elijo a una maestra porque es simpática, porque se sonríe, y eso no es suficiente, digamos. Cuanto más pequeños son los chicos más alto profesional tenés que ser, una persona con muchísima sensibilidad, no importa formada en el espacio formal o informal, ser autodidacta es absolutamente para mi valorado, pero tenés que tener una alta formación personal y, digamos, intelectual.
Así que esa es una de las falencias del nivel, la formación de los maestros o de las personas encargadas.
La otra es creer que el niño necesita recibir desde afuera educación, cuando el niño trae toda su potencia y tiene un plan perfectamente, digamos, armado, digamos, por la especie humana de poder aprender todo lo que necesita si encuentra un ambiente propicio. Y para eso, esos adultos tienen que armar esos ambientes sabiendo y conociendo que el
niño no necesita ser sobre-estimulado, ni siquiera estimulado, lo que necesita es ser amado, recibido, aceptado y que traer un niño al mundo, mamá, papá o estar con niños recién llegados a este mundo exige de una presencia y un estar que los niños nos enseñan de esa presencia.
Y ahí una de las falencias es que hay como, bueno, los niños por un lado, los padres por otro, los maestros por otro. Y la verdad es que si uno pudiera comprender esto que el niño viene con un caudal y con un potencial que sólo tiene que activarlo, teniendo un otro, no tanto juguetes ni tanto un ambiente precioso o grande o con las últimas tecnologías. Para un bebé, lo que necesita es un ambiente humano rico que lo pueda aceptar. Y esto es una gran falencia de este nivel.

La otra es pensar que un niño puede quedarse en un espacio como un jardín maternal o una escuela infantil siendo muy pequeño antes de los 3 años, en grupos con muy pocas personas que encima esas personas no están capacitadas.

Entonces me parece que debería haber como una conciencia de que un niño pequeño tiene que estar acompañado de un adulto significativo por lo menos los primeros dos años de vida mínimo, entonces debe haber instituciones que reciban a madres y a padres, o adultos o abuelas o abuelos con el niño y no separarlo. Entonces existen los jardines maternales porque son, yo siempre digo, una prótesis social. Es una pena que existan y gracias que existen así cuando los papás se van a trabajar, por lo menos pueden quedar en un espacio cuidado. Pero ese espacio tiene que ser, me parece, pensado absolutamente de una manera absolutamente diferente. No tienen que recibir clases de inglés baby english, ni clases de música, ni clases de nada, lo que tiene que haber es un ambiente rico en estímulos del mismo ambiente y especialmente humanos.

Otra falencia es la división en edades, es la homogeneidad, digamos, separar a los chicos por edades que deja de lado la riqueza que tiene la heterogeneidad. El que el más grande pueda cuidar al más pequeño y que el mas pequeño vea crecer al mas grande y querer ser como ese nene más grande, yo creo que ahí… Y la poca participación de la familia, el error es que la familia dice que quiere participar pero después es como que abandona al niño “y que se hagan cargo otros”; y sólo son citados cuando hay una dificultad emocional o cuando el niño está enfermo, entonces ahí si la mamá o el papá dejan todo lo que están haciendo porque el hijo tiene 40 grados de fiebre. Pero la verdad es como que no hay una toma de conciencia de que es importantisimo que la mamá y el papá participen junto con los maestros. Es decir, yo respeto absolutamente todas las maneras que los adultos encontramos para educar a nuestros niños y criarlos, pero creo que no hay que dejar de lado, digamos, las tres patas que es la comunidad, los maestros y la familia. Es decir, y todo eso tiene que trabajar en conjunto y el nivel inicial en general invita, pero después echa a la familia porque se sienten, digamos, presionados. Porque la formación, en la formación sólo por ahí te forman para trabajar con los niños y no para trabajar con adultos, no te forman para comprender que una mamá o un papá les puede doler dejar a un niño en el espacio educativo y juzgan a los padres, entonces eso, por eso digo.

Vuelvo al inicio que es parte de la formación, deberíamos estar muy preparados para comprender todas las etapas que el ser humano pasa en la vida. Lo que significa ser infante, ser puber, ser adolescente, ser mamá o papá gestante, ser un adulto por ahí de 40 años que decide ser mamá o papá y ser abuelo. Entonces comprendiendo todo eso es más fácil acompañar, no juzgar. Entonces el nivel tiene esto de poder digamos, los padres también delegan en el maestro, critican, se ponen a veces en la vereda de enfrente. Y mi idea digamos desde la formación debería ser que el niño debe ser acompañado por maestros y por los padres exactamente con la misma polenta, la misma energía.

Volver al sentido común

[22:41]
¿Cuáles son los problemas comunes que ves en la crianza según tu criterio? ¿Qué recomendarías a las padres y madres?

Una recomendación que no la hago yo, la hacemos muchísimos, es volver al sentido común. Es decir, hay cantidad de bibliografía, hay libros, y grupos y grupos de crianza digamos, cada vez hay más material, cada vez hay más información, pero creo que lo que se perdió es el sentido común, es el volver a sentir con la intuición y a poder actuar en contacto con el hijo, digamos. El poder encontrarse con ese hijo y con ese hijo que yo fui. Y si bien para mi es muy importante apoyarse en profesionales, apoyarse en grupos, me parece que eso es básico, es creer en uno mismo que tenemos también nosotros esa capacidad de entrar en conexión con nuestro niño.

Lo que sucede es que lo que no estamos preparados es para saber que criar un hijo es un esfuerzo fuerte, no me gusta usar la palabra “trabajo” pero es. Es un trabajo fuerte, que no es simplemente tener un niño, alimentarlo un poquito y enseguida delegar digamos, que hay que comprometerse con eso, debería ser una decisión de las familias, de los jóvenes, que si voy a tener un hijo me tengo que comprometer con mi hijo. Y comprometerme significa estar presente, presente significa estar en tiempo y cuando estoy estoy comprometido con mi hijo, observándolo, aprendiendo de él, conociéndolo. Porque lo que mi hijo necesita en general, no siempre lo necesita el hijo de mi hermana incluso. Conectarse digamos, esta bueno recibir información, por ejemplo, que es el tono muscular, que significa el llanto, esta bueno encontrarse con otros para poder aprender de otros. Pero volver a la intuición y que a este niño le toco esta mamá y este papá, que se tienen que conectar con su propia infancia porque el hijo los refleja. Entonces me parece que el consejo mayor seria el sentido común, la presencia, y el asumir que tener un hijo es una posición en la vida, y que a veces uno tiene que dejar un poquito de lado, postergar por un tiempo y poner entre paréntesis algunas cuestiones personales. Entonces muchos papás no están dispuestos a eso, justifican que tienen que trabajar muchas horas para poder darle un bienestar a ese hijo, sin darse cuenta que el mayor bienestar para ese hijo, obviamente las necesidades básicas tienen que estar cubiertas, pero la mayor necesidad y la básica es el amor y el afecto irreemplazable, irreemplazable y eso creo que es mi mayor mensaje. Que una pareja que esta gestando tiene que estar dispuesta y disponible a poner entre paréntesis algunas inquietudes personales o algunas, digamos, carreras, o tiempos de trabajo para poder por lo menos uno de los dos dedicarse casi en forma exclusiva a ese hijo; y poder disfrutarlos y poder escucharlos porque es la etapa digamos donde se imprime, donde se imprime absolutamente esa matriz de aprendizaje y de vínculo, y no aislarse. El gran problema de los papás es que o lo saben todo o no saben nada, es decir la inseguridad absoluta y “tengo que consultar todo”; o “lo se todo y a mi nadie me va a enseñar lo que tengo que hacer”. Entonces yo digo que esos dos extremos son peligrosos, el aislamiento, digamos, porque yo lo se todo y a mi nadie me va a enseñar y menos un maestro, porque ahora hay una tendencia ¿no?, una tendencia a desvalorizar mucho a la escuela y desvalorizar mucho al maestro. Y yo creo que hay que digamos poner todo en su justa medida; o los que miran tanto que te entregan al hijo y dicen “hace lo que vos sabes, decime…”, por ejemplo me ha pasado, “no le puedo dar el antibiótico, ¿se lo podes dar vos porque me hace berrinche?” Es decir un papá totalmente impotente frente al hijo, le tienen temor, la cuestión de los famosos límites, es decir
hay como una confusión muy grande entre libertad y límites.

Así que el mensaje sería trabajar sobre uno mismo y entender que no existe libertad sin límites, que no existe respeto, digamos, sin amor, o amor sin respeto y eso si trabajarlo en uno mismo. Darse cuenta cuando uno esta sobrepasado y poder delegar en otro, porque uno está sobrepasado y no hacer al niño un objeto de nuestra incapacidad.
Y vamos a cometer muchos errores, se cometen muchos errores inevitables y eso también uno le puede decir al hijo: “Me equivoque, te pido disculpas, la próxima vez voy a estar más atento y eso también es enseñar un montón.”

Si una recomendación que yo le haria a las mamás y a loas papás jóvenes, digamos es simplificar un poco la cuestión es sentirse mas relajados, con mayor confianza quizá en que van a poder si se conectan, si están presentes.

Yo siempre, no siempre, pero hace poco aprendí esto de observar que hace la naturaleza en estas situaciones y cuando tengo una duda digo: “¿a ver como reaccionaria un árbol? ¿cómo reaccionaria un perrito con su mamá perra?”. Obviamente somos humanos y estamos atravesados por la cultura, pero a veces volver a la fuente de lo más natural, creo que viene bien.

Así que bueno es eso, el consejo es juntarse con otros, que los adultos puedan armar grupos de ayuda mutua, de contención, de red, pero con el hijo de uno actuar de la manera más espontánea y más relajada posible, con presencia y con amor, que es aceptar al hijo como un otro, que no tiene que ser parecido a mi y no tiene que cumplir con las expectativas que yo deje pendientes, si no es un verdadero otro diferente a mi. Y si puedo hacer el ejercicio de recibirlo y aceptarlo como un genuino otro, digamos, todo va a estar bien, todo va a fluir, y bueno y después nos vamos a matar de risa de los errores que cometimos porque es imposible no cometerlos, asi que si uno sabe eso se relaja. Es ese mi consejo a los papás jóvenes.

El juego como actividad humana

[29:12]
¿Qué te gustaría compartir a quienes vean esta entrevista?

Como un mensaje si yo puedo dar es en este tema de la educación, especialmente en la primera infancia, es volver al tema del juego, digamos, que los chicos jueguen que tengan espacio para jugar, para ensuciarse, para enchastrarse, para investigar, para pisar el pasto, para oler las flores, para correr, para tener horizonte, para meter las manos en la masa. Es decir, tener adultos que les permitan explorar el mundo con libertad, con límites pero con libertad, es decir, esto podes hacerlo acá y de esta manera.

Y luego acompañarlos en el segundo paso, si embarraste ahora antes de entrar a casa hay que lavarte las patas, digamos ese seria un límite. Pero, digamos, un mensaje es valorizar el juego como actividad humana que se ha perdido y se va perdiendo cada vez más y se habla mucho del juego y hay cantidad de instituciones que se dedican al juego y al juguete y a la juguetería y al diseño. Y en realidad lo que hay que permitir simplemente es que el niño se conecte con su mundo circundante, que explore, y si se hace un chichón, el chichón le va a enseñar de que ahí hay algo duro.

Es decir, creer, tener mucha confianza en el niño, confiar en el niño, darle un ámbito de libertad para jugar y para explorar y especialmente en tribu, volver a la heterogeneidad, volver… ¡Acá estamos escuchando tambores! Si un niño escucha tambores y alguien apasionado por la percusión, eso queda, digamos, como algo guardado en su memoria emotiva que va a usar cuando quiera y cuando lo necesite. Que vaya a una panadería, que vaya al supermercado, que vaya a ver como se navega en el río, es decir, que tenga experiencias múltiples, esos son los grandes maestros de la vida junto a mamá y a papá o junto a adultos. Que valoren eso que me están mostrando del mundo, los adultos sólo tenemos que mostrar el mundo, no es sobre-estimular, sino acompañar la mirada del niño. El niño se fija seriamente en lo que le interesa, entonces mirar los ojos del niño y digamos esa mirada nos va a decir lo que a él le interesa y después si ayudarlo a ubicarse en el tiempo y en estar en este mundo de una manera digamos anclado en la realidad para que pueda fantasear, digamos no puede haber imaginación y fantasía si no estoy en un aquí, en un ahora anclado. “Seguro que me quieren, y que me van a querer siempre aunque me porte mal y aunque sea rebelde y aunque llore mucho más de lo que mamá o papá quieren. Si yo estoy seguro de que me quieren igual cuando me porto bien y cuando me porto mal, soy libre para explorar el mundo.”

Entonces mi mensaje seria ese. Volver al juego, a la confianza en la infancia y a mirar al niño, que el niño nos enseña un montón y recuperar junto con ese niño nuestro propio ser creativo. Y digamos la posibilidad de tomar de los maestros lo que los maestros nos dan, tomar de los libros lo que los libros nos enseñan y de la vida misma que es todo los días a nuestro al rededor. Así que nada, llevar al niño a mostrarle el mundo con la mayor espontaneidad y libertad posibles, con estructura pero con la mayor libertad posibles, así que ese es mi mensaje: juego, arte y viaje.

Notas el pie

  1. Concepción el Uruguay en Wikipedia
  2. Religar en Religar: Volver a atar o ceñir más estrechamente una cosa.
  3. Constance Kamii en Wikipedia en Inglés
  4. Jean Piaget en Wikipedia
  5. Teoría Constructivista del Aprendizaje en Wikipedia
  6. María Elena Walsh en Wikipedia
  7. Ensuciarse
  8. Parque Centenario en Wikipedia
  9. del latín infantis, «el que no habla»
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